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viernes

Arte y Locura

Una de las exigencias solicitada por la genialidad artística es la diferencia: nos atrae aquella mirada inédita capaz de ofrecernos la constatación de nuestras intuiciones sobre una realidad de sobra asimilada como conocida. Será el artista el gurú mediador en este proceso, un papel que le obligará a bucear en lo más profundo de la sociedad y las pulsiones humanas, forzando una vida que habrá de desviarse del camino marcado por la normalidad. Y es que no puede esperarse de un genio que, además de todo, sea corriente. Existen muchos artistas, que no sólo caminaron por los bordes de la locura, sino que cayeron de lleno en ella. Algunos muy conocidos fueron:

El Bosco:

Si existe en la Historia del Arte un pintor de la locura, tan sólo superado muchos siglos después por Bacon, ése es Hieronymus Bosch, llamado "El Bosco" en atención a su procedencia. Los datos que poseemos relativos a su vida desmienten una enfermedad, sin embargo sus obras están plagadas de seres que han descendido a los infiernos y poseen toda la agitación del desequilibrio, un estado emocional que el flamenco consigue transmitir con una impresionante facilidad, no exenta de un avanzado surrealismo. La dicotomía es una constante en unas creaciones fruto de la época que le tocará vivir, donde la idea de la condenación, y por añadidura de la redención, aún continuaba estando muy presente en un imaginario colectivo gestado al calor de la superstición y el miedo.

Van Gogh:
Y, si hablamos de locura, es imposible no citar al más famoso de todos los pintores aquejados de una enfermedad mental, cuya patología alcanzará tal punto que su recuerdo ha llegado hasta la actualidad asociado al sobrenombre de "El loco del pelo rojo": Vicent van Gogh. Su inestabilidad queda ya patente desde sus primeros años de juventud, un camino que finalizará con el trágico corte de una oreja tras una fuerte discusión con Gauguin, el encierro posterior en diversos sanatorios y su suicidio a la prematura edad de 37 años, final tan sólo retrasado por la influencia y ayuda que durante toda su vida recibirá de su hermano Theo. Sus obras son un canto, a pesar de todo, al color y la vitalidad, un optimismo extraño si se analiza su atormentada existencia: Van Gogh utilizaba la pintura para alejar sus demonios, transformando en un mundo mucho más habitable una realidad que él percibía y exorcizaba, artísticamente hablando, "con las tripas". Es posible que, en este caso, la pintura fuera para él una terapia con la que controlar lo que sentía como incontrolable; un legado que aún pervive en el sanatorio arlesiano de Saint-Rémy-de-Provence, uno de los casi últimos testigos de su genialidad donde llegará a desarrollar una prolificidad inquietante.

Camille Claudel:
Treinta años es el periodo que la escultora sufrió encerrada en un manicomio, destino al que será enviada por su familia, a raíz de sus múltiples crisis nerviosas, una vez muerto su padre, único opositor al internamiento. Unos síntomas que coincidirán con los comienzos de su éxito como artista y a los que posiblemente se verá abocada por culpa de las infidelidades de Rodin, amante y mentor durante quince años, del compositor Debussy y la incomprensión de sus parientes más cercanos. Su inestabilidad la llevará finalmente a sufrir de manía persecutoria y delirios de grandeza, un final para una mujer que tuvo una vida artística a la sombra del nombre de un escultor famoso y a la que su familia encerró en una jaula solitaria abocándola a la locura.

Salvador Dalí:
No puede decirse que el surrealismo fuera un arte ni al servicio de la normalidad ni fruto de una experiencia corriente, sin embargo el caso de Dalí no hace honor en realidad a la locura apreciable en la pintura del inconsciente. Megalómano y con un fuerte olfato comercial, potenciado por una Gala de una fortísima personalidad, Salvador creará su propia imagen de marca: la genialidad producto de la locura. Dálí fue perfectamente consciente de que una existencia diferente, alejada de los cánones marcados y que poseyera esa esencia cuasimística otorgada al genio, al 1 y al profeta, era necesaria para convertirle en una leyenda. Era el rey del arte de la auto-promoción, mientras paseaba por el mundo al desequilibrado personaje encarnado en su propia figura. En este caso, su extravagancia fue un medio de publicidad. Y se puso a ello con tal ahínco que llegó incluso a crear una especie de patología propia dentro de la que encasillar sus "rarezas" en la forma del método paranoico-crítico. Para muchos fue un loco, un visionario y un genio para los más, pero lo que sí es cierto es que su vida no pudo haber discurrido por otros derroteros que la falta de normalidad si se tienen en cuenta sus antecedentes familiares, tan peculiares como para que ya desde niño sus padres la inculcarán su estado de reencarnación viviente de su hermano muerto.

Jean Dubuffet:
Y con el padre del Arte bruto llegamos a una de las primeras colecciones compuesta por creaciones plásticas -una contradicción en el caso de esta corriente- realizadas por enfermos mentales. Dubuffet preconizará la liberación del arte de las normas estéticas conocidas de forma que un "arte bruto" pueda surgir: una creación al alcance tan sólo de aquellos que aún no han visto contaminado ni malformado su criterio por una cultura estética (locos, parias y niños, principalmente). De esta manera, recorrerá los sanatorios y prisiones de diversos lugares del mundo recogiendo todas aquellas obras "extraculturales" que habrán de conformar posteriormente una impresionante colección que donará al término a la ciudad de Lausana en 1971.

miércoles

Número mágico en el Arte

El Hombre de Vitrubio


Conocido ya por los pueblos precolombinos, teorizado en época renacentista y denominado a comienzos del s.XIX, el número áureo o dorado es la "medida" matemática enunciada para explicar una proporción armónica especial. Una regla presente en la naturaleza y que puede encontrarse aplicada en numerosas obras de arte. El uso de la razón áurea ha estado rodeado de un halo de misterio y reverencia desde tiempo antiguo debido a las peculiares cualidades estéticas que ésta otorga, llegando a ser conocida como "la divina proporción". Teoría natural de extender el brazo. Mide su longitud desde el hombro hasta la muñeca. Ahora mide la distancia existente entre tu hombro y tu codo y, de nuevo, entre tu codo y tu muñeca. Ahí lo tienes: la relación numérica existente entre cada una de estas partes con la inmediatamente superior es la famosa sección áurea, representada por el número de igual nombre ( 1,61803 ), presente en animales, flores, música, esculturas, pinturas… Una teoría enunciada ya en el s. IV a. C. y cuya presencia en mayor o menor cantidad en un cuerpo u objeto es directamente proporcional a su "belleza". Un número para el arteQuizá, de todos los artistas que lo han empleado a lo largo de la historia, sea Leonardo da Vinci el artista que jugó de manera más atractiva con el número áureo, algo muy acorde con su carácter tendente a los enigmas. Un buen ejemplo de ello es su famoso Hombre de Vitrubio, donde la relación existente entre las partes se corresponde con esta medida, siguiendo los planteamientos de simetría enunciados por este arquitecto y tratadista romano. No es el único: los templos griegos, algunas obras de arte povera, la famosa Leda atómica de Dalí, el Apolo de Belvedere, El Escorial en Madrid, la Venus de Botticelli, e, incluso se ha llegado a considerar, las pirámides de Gizeh, fueron realizados, en ocasiones de forma inconsciente, siguiendo una proporción áurea, algo que no es apreciable a primera vista pero que confiere a estas creaciones una apariencia armónica distinguible pero difícil de explicar.

domingo

El Arte Celta (restos arqueológicos)








Quizás el arte celta sea una de las manifestaciones artísticas más difundidas entre el gran público.Su caligrafía, símbolos religiosos, dibujos geométricos y manuscritos miniados, son material que a diario observamos en distintos ámbitos, muchas veces desconociendo su origen.Esta cultura ancestral, tan rica en leyendas como en fábulas ha fascinado largo tiempo a los historiadores, aún sin poseer testimonios ciertos de su cultura y hábitos, pues sus tradiciones han tenido como vehículo la oralidad, pasando de boca en boca, y sólo en algunos raros casos encontramos textos, en general obra de griegos o romanos, que por miedo o desconocimiento veían a estas tribus como salvajes o bárbaros poco sofisticados.
No obstante, y pesar de esta visión, los celtas han dejado un legado artístico de altísima sensibilidad, desmitificando los rumores de su supuesta rudeza y simplicidad.Podemos ver esto en los vestigios diseminados en el territorio continental europeo y las islas británicas, y que datan de más de veinticinco siglos (Edad de Hierro).Esta primer etapa, conocida como cultura de la Hallstatt (toma su nombre de la zona austriaca en que se encuentran) presenta grandes monumentos mortuorios y fortificaciones que ponen de manifiesto la prosperidad que ostentaban por entonces.Alrededor del siglo VII antes de Cristo, la interacción cultural con griegos y etruscos abriría un período artístico llamado La Tène (Suiza). De ahí en más el arte celta adopta sus principios básicos y característicos.De cualquier manera, la historia es dinámica, y cuando la situación se volvió adversa, debieron ocupar territorios griegos y romanos, la invasión luego tuvo un sentido inverso, y los celtas terminaron asimilando estas culturas. Sólo aquellos puntos remotos como Britania y de la Bretaña lograron mantener sus usos y lengua a través de los siglos.El cristianismo, con la introducción de nuevas costumbres, marcó el esplendor en la historia celta.

El arte celta tiene dos vertientes principales:
La primera de ella es el naturalismo. Siendo un pueblo cuya economía estaba basada únicamente en la economía, esto no es de extrañar. También su espiritualidad estaba directamente relacionada con la naturaleza y sus ciclos, así como con los cuerpos celestes. Los druidas (monjes) sostenían que los eventos terrestres tenían su correspondencia en el mundo celeste, con lo que las representaciones tienen un carácter cargado de simbolismo.La imitación de elementos de la naturaleza, como zarcillos, flores de loto, palmetas, guirnaldas, hojas y animales, es muy usual. Todas estas formas cuentan con trazos estilizados y hasta esquematizados, evitando el uso de la línea recta y utilizando en pocas ocasiones el dibujo simétrico.
La segunda vertiente es la geométrica. Los motivos son abstractas líneas entrelazadas, que resultan en diseños complejos y sumamente armónicos. Dibujos enlazados, realizados con líneas constantes que corren trazando curvas, nudos y zigzags. Las frecuentes las espirales tenían un gran simbolismo y solían representarse solas o agrupadas.Podemos ver la presencia de estos elementos característicos en los manuscritos iluminados, impactantes obras fruto de una práctica que los artesanos dominaban hábilmente, la caligrafía. En ellos podemos apreciar maravillosos diseños realizados con gran habilidad y decorados con fantásticos colores que causan asombro al espectador.
También es destacable su nivel en la orfebrería, de la que se han hallado collares, pendientes, o las fíbulas (utilizadas para sostener la ropa y como símbolos mágicos, y que representan animales o plantas), y los llamados torques, pesados collares utilizados frecuentemente por los miembros notables de la sociedad (guerreros, druidas), y realizados en distintos metales, algunos bellamente decorados con filigranas y otros motivos. En lo cotidiano, los celtas manifestaron su creatividad con objetos como máscaras ceremoniales, calderos o figuritas votivas.